jueves, 14 de agosto de 2014

La Amistad



¿Qué lazo más noble que el de amigo? ¿Qué algo más noble puede conceder un hombre que su amistad? Las relaciones que comporta la vida común y corriente se rompen fácilmente, pero hay un vínculo que persiste a través de la eternidad, y es el de la confraternidad, la unión de los átomos, la amistad del polvo estelar en su camino por los espacios infinitos, la hermandad de los soles y los mundos, de los dioses y los hombres. Las manos enlazadas por la amistad se unen con un lazo eterno: la camaradería del espíritu. Nadie más desolado que el que no tiene amigos. Y nadie más honrado que aquel a quien sus virtudes le han dado una amistad. Tener un amigo es bueno, pero ser amigo es mejor. El titulo más noble que se le diera a un hombre, el distintivo más elevado que hayan discernido los dioses, fue aquel que saliera de los labios de ¡ove al contemplar a Prometeo: “¡He ahí un amigo del hombre!” Quien sirve a los hombres, sirve a Dios. Éste es el signo de la fraternidad de nuestra Orden, porque las manos entrelazadas por la amistad sostienen y vivifican el plan divino. Los lazos del parentesco pueden disolverse, mientras que la amistad subsiste. Servid a Dios mediante la amistad: como amigo del alma de todo lo humano, sirve a sus necesidades, ilumina sus pasos y allana su camino. Que el mundo, en acorde unísono, pueda decir del Masón: “He ahí un amigo de todo el mundo”. Que también diga al referirse a la Logia: “Es sin duda un círculo de amigos, camaradas en espíritu y en verdad”. 








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