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viernes, 10 de febrero de 2012

De qué Manera los Masones somos Ricos


 
En los últimos tiempos se han escrito libros, se han realizado películas que nos hablan de fabulosos tesoros perdidos, cuyas riquezas fácilmente podrían llenar una cancha de fútbol. Una de estas películas, la última, habla de un gran tesoro escondido bajo tierra y cuya ubicación es guardada en el más estricto secreto por los masones. Obviamente esto es una ficción, si la Masonería atesorara riquezas inmensas no tendría ningún sentido hacer circular los sacos al final de cada Tenida, bastaría con echar mano a una ínfima parte del gran tesoro para efectuar obras de beneficencia de envergadura.

En tiempos pasados, con el pretexto de excomuniones, persecuciones, etc., se profanaron y destruyeron Templos Masónicos con la esperanza de encontrar riquezas bajo su suelo embaldosado. Nada hallaron y es que los ignorantes pensaron y piensan aún hoy, que la riqueza tiene que ser tangible, palpable y visible. Y no encontraron nada. Buscaron oro y piedras preciosas, buscaron diamantes y rubíes, buscaron coronas perdidas y sarcófagos del Nilo y nada; regresaron sobre sus pasos con su frustración a cuestas.

Pero ¿Tenemos los Masones un tesoro de valor incalculable escondido en alguna gruta y protegido celosamente? La respuesta es sí.

Los Masones tenemos un gran tesoro compuesto por muchos objetos de incalculable valor espiritual, está escondido en una gruta ( si metafóricamente se le puede llamar así a la Logia) y está protegido celosamente por toda la hermandad con las eficaces armas que poseen: El Secreto y el Silencio. Además, este tesoro sólo es visible para quienes han sido iniciados y han visto la Luz en alguno de los miles de Templos Masónicos que se esparcen sobre la tierra.

Cada pieza de este tesoro es única, cada una está compuesta por muchos kilates de sabiduría, tienen el fulgor dorado de la ética y los destellos luminosos inconfundibles de la razón.

Nosotros, estamos siendo instruidos en conocer las maravillas de nuestro tesoro. Nos detenemos extasiados ante cada joya u objeto que se nos presenta, nos tomamos el tiempo para admirarlos para hacerlos parte nuestra.

La semana pasada, durante una cena entre hermanos, escuchaba a un viejo masón hablar de algunos temas nuevos para mi que me hicieron reflexionar y tratar de buscar un poco más sobre ellos. Entre otras cosas se habló sobre la igualdad. De cómo luchamos constantemente contra nuestro ego profano y dejamos atrás nuestras diferencias para reunirnos en armonía. Iguales.

Bueno pues, revisando nuestro tesoro encontré una pieza finísima, un verdadero lujo de la riqueza masónica: El nivel, cuyo profundo significado le da un brillo relevante en el cofre.

Esta joya que porta el Primer Vigilante de la Logia, nos enseña la igualdad que debe existir entre hermanos, nos hace sentir  que todo aquel que traspasa las puertas del Templo por primera vez ya no es sabio o ignorante, militar o cardenal, ingeniero o abogado, diseñador o estudiante, economista o profesor, detective o médico, astrólogo o astrónomo, vendedor o comerciante, militante de izquierda o capitalista, presidente de república o mecánico de buques. No, desde ese momento el verdadero Masón se despoja de todos sus títulos y bolsas de monedas, de su fama y de su arrogancia.

Esta es sólo una  de las riquezas de nuestro vastísimo tesoro, que no es otra cosa que nuestro simbolismo; cada objeto, cada figura, cada marcha simboliza una virtud moral, una verdad esotérica, un principio de vida y una regla de conducta que debemos aplicar durante toda nuestra vida en el constante desbaste de nuestra piedra.

Los Masones sí tenemos un tesoro y sí somos ricos espiritualmente y nos gusta compartir nuestra riqueza con todos aquellos hombres libres y de buenas costumbres que quieran venir a cavar fosas a la ignorancia y elevar templos a la virtud.

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