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viernes, 10 de febrero de 2012

Cómo ser un Verdadero Masón


Quiero en esta noche preguntarme en voz alta, desde un punto de vista esotérico: Cómo puedo llegar a ser un verdadero Masón? Por qué y para qué estoy aquí?

¿Qué motivación es la que conduce a un profano fuera del mundo material para transitar por el sendero iniciático en búsqueda de la luz? En verdad sólo él puede saberlo, porque en su corazón está oculto el motivo de sus obras. ¿Busca la luz del Oriente y por ende busca la sabiduría eterna? ¿O pone su vida en ofrenda sobre el altar de los juramentos? De todas las cosas, la intención es lo más importante. Aunque fracase una y otra vez, si su motivo es sincero, la victoria será suya, Pero si el motivo no es honorable, aunque vaya de triunfo en triunfo aparente, habrá fracasado. Entrad al templo con reverencia Hermanos, porque en verdad ésta es la morada del Gran Espíritu de la Francmasonería.

La verdadera Logia Masónica es una Escuela de Misterio, un lugar en donde los Masones nos alejamos de las locuras y frivolidades del mundo, y nos instruimos  en los misterios de la vida y de la muerte, en las relaciones fraternales del desinterés y la armonía y en la búsqueda de la Luz que en resumidas cuentas es la sabiduría que emana del G.·.A.·.D.·.U.·.. El Masón considera la vida seriamente, dándose cuenta de que cada momento derrochado es una oportunidad perdida, y que la Omnipotencia gradual sólo se gana mediante formalidad y dedicación. Sobre toda otra relación, reconoce la fraternidad universal entre todo lo viviente. El significado del apretón de manos refleja su actitud para con todo el mundo, porque él es compañero de todas las cosas creadas. Se da también cuenta de que su espíritu es joya deslumbrante que debe pulir en el templo sagrado con el trabajo de sus manos, la aspiración de su corazón y la meditación de su mente.

La Francmasonería es una filosofía esencialmente sin dogma. Por eso es más verdadera. Sus componentes se inclinan ante la verdad sin reparar en quién es portador de ella; sirven a la luz, en vez de preocuparse del que la trae.

Hay tres grandes pasos en la evolución del alma humana antes que alcance a terminar la morada de su espíritu. Dichos pasos han sido llamados respectivamente: Nacimiento, vida y muerte. Toda vida pasa por estas tres etapas de la conciencia humana. Podrán ser consideradas también como el hombre exterior mirando hacia adentro, yendo hacia adentro y estando adentro (o en su interior). La ruta de la vida humana, como todas las cosas, está dirigida por las leyes de la analogía, y es así, como partiendo desde el nacimiento, empezamos nuestra peregrinación a través de la juventud, la madurez y la ancianidad. Así la conciencia espiritual del hombre en su evolución cósmica, pasa de la inconsciencia a la conciencia perfecta dentro de la Gran Logia del Universo. Antes que la iniciación pueda ser propiamente entendida y apreciada, deben considerarse ciertos requisitos, no meramente los relacionados con el mundo material, sino también con el espiritual.

El Masón debe darse cuenta que la verdadera iniciación es un rito espiritual y no material, y que su iniciación en el templo vivo de la jerarquía espiritual puede no ocurrir sino hasta años después de que él tome su grado material o que espiritualmente, nunca deje de ser un profano por más que ostente altos grados dentro de la Orden.

El recinto del tabernáculo entre los antiguos judíos fue dividido en tres partes: El recinto exterior, el lugar sagrado y el Sancta Sanctórum. Esas tres divisiones representan las tres grandes divisiones de la conciencia humana.

El grado de Aprendiz es adquirido cuando el estudiante manifiesta su intención de trabajar la Piedra Bruta que extrae de la cantera y prepara para el Gremio de Compañeros. En otras palabras, el primer grado es de preparación, es un paso material que se relaciona con cosas materiales porque la vida espiritual debe descansar sobre cimientos materiales. El primer grado, consiste en dominar las condiciones concretas de la vida y en desarrollar los centros sensoriales, que luego deben convertirse en canales para expresar las verdades del espíritu. Todo progreso es un proceso gradual realizado ordenadamente, tal como debe practicarse en una logia en consciente trabajo. Pero el Aprendiz tiene como primer deber el despertar tales poderes y, a la manera de la juventud de la cual es un símbolo, sus ideales y trabajos deben circunscribirse estrictamente a lo concreto.

Para él, el compás se encuentra bajo la escuadra; para él, las razones se manifiestan por medio del corazón y de la mente, los dos polos de la expresión se hallan oscurecidos y ocultos bajo la escuadra que sirve para medir la densidad de la materia. Aunque él no conoce el porqué, su trabajo consiste en seguir las directivas de aquellos de mayor sabiduría que la suya; pero como resultado de la aplicación de energía, por medio de acciones y reacciones, lentamente construye y desenvuelve los poderes de discriminación y el vigor de carácter que identifica el grado de Compañero.

Es obvio que la Piedra Bruta simboliza al cuerpo pero también representa el estado espiritual del recién iniciado, quien con la ayuda de las herramientas que le han sido entregadas deberá pulir su espíritu y su cuerpo, luchar contra las pasiones y contra el ego. Lentamente y en silencio, en la oscuridad de su columna, poco a poco irá moldeando su espíritu hasta quedar listo para nuevas revelaciones y responsabilidades.

Ahora quiero poner a vuestra consideración los requisitos espirituales de aquel que se siente místicamente atraído por la gran fraternidad espiritual que, oculta tras un rito esotérico, constituye el poder vivo de una Logia de Aprendices. Son cinco puntos propuestos por el R.·.H.·.Manly Hall en su libro “Las Claves de la Francmasonería

Es esencial que el Aprendiz haya estudiado suficientemente temas de anatomía para que tenga al menos una idea general del cuerpo físico, ya que todo este grado se basa en el misterio de la forma o símbolo. El cuerpo humano es la más alta manifestación de la forma que él es capaz de analizar. Consecuentemente, debe consagrarse al estudio de su propio ser y a sus misterios y complejidades.

El Aprendiz debe darse cuenta de que su cuerpo es un templo vivo en que la Divinidad ejerce y tratarlo de acuerdo con ello; porque cuando abusa de él o lo maltrata, quebranta las sagradas obligaciones que debe asumir antes de que pueda esperar entender los verdaderos misterios que encierra la Orden. La ruptura de este pacto con la más alta Vida que se desenvuelve dentro de él, inevitablemente provoca la sanción de la Naturaleza por quebranto de un equilibrio que ya no puede ignorar.

Debe estudiar el problema de la manutención del cuerpo por medio del alimento, el vestido, la respiración y otras necesidades, porque todas ellas son pasos importantes en un proceso de aprendizaje. Los que comen sin moderación, visten impropiamente y usan sólo un tercio de su capacidad pulmonar, nunca pueden llegar a tener la eficiencia física necesaria para una total expresión de la Vida de acción a que aspiran.

Debe crecer físicamente y en la expresión de cosas concretas. Las relaciones humanas deben ser idealizadas entonces, y debe buscar el desarrollo de cualidades de modestia que son necesarias para el trabajo armónico del Francmasón y sus compañeros en el plano material de la Naturaleza.

Debe tratar de abolir todas las desigualdades. Lo puede hacer mejor mediante el equilibrio entre sus organismos físico y mental, dedicándose a enriquecer su espíritu con el estudio constante del simbolismo y alegorías de su grado, así como el ejercicio constante de su cuerpo físico.

Hasta que no sea relativamente dueño de estos principios en el más alto plano dentro de su propio ser, no puede esperar alcanzar, espiritualmente, por medio de las cualidades de su propio carácter, los rayos vitalizadores del Compañero. Cuando alcanza este punto, puede espiritualmente esperar ser digno de un aumento de salario.

El Aprendiz Masón debe darse cuenta de que sus más íntimas aspiraciones son el índice de su auténtico yo. Quienes disfrutan de posición social y financiera o lugar preponderante en los negocios y hacen de ellos una culminación de sus egoísmos u ostentación en el seno de la Orden, pierden su tiempo y, en esencia, nunca han pertenecido a ella. Con su afiliación poco daño harán a la Francmasonería, puesto que de sus valores nada captarán.  Agazapados en sus Templos, no serán más que aburridos espectadores de una función que jamás entenderán por no tener el alma puesta en ella ni el espíritu en condiciones de recibir su sutil beneficio. Las insignias en los relojes o en las solapas no hacen masones; ni tampoco la observancia de un ritual. Los Francmasones deben evolucionar a través del  esfuerzo de su propia conciencia hacia superiores ideales personificados dentro de sí mismos; sus vidas son la única insignia de su rango, más grandes que cualquiera de las credenciales visibles y tangibles.

Llevando estos simples conceptos en la mente, es posible que un alma desinteresada y esforzada se manifieste espiritual y liberalmente mancomunada en la conciencia de un Francmasón.


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