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jueves, 8 de marzo de 2012

soledad

siempre que amanece la atmósfera es perfecta.
camino un poco y empiezo a recordar tu aroma
a cedro, a prado húmedo, a viento del sur.


las horas pasan y el día ataca con furia increíble
no existe acaso un lugar donde esconderse?
camino rápido. no veo nada conocido.


los caminos del hombre se cruzan siempre
como las oraciones de los crédulos acólitos
que entre salmo y salmo se hechan unas copas.


he querido todo este tiempo crear un espíritu
que persiga a todo aquel que gusta del estiércol
que confine en mazmorras de fuego sus deseos.


la fria tarde me hace extrañar tu calor y tu aliento.
camino apurado por entre calles grises y solitarias.
las voces estridentes caen sobre mi como dardos.

©SafeCreative

miércoles, 22 de febrero de 2012

Hoy

Hoy sonreíste por la mañana y me vestí con tu resplandor.
Miré a la distancia y ya no estabas. Habías huido.
He tratado de parecer menos tonto y sólo logré enfermar
Entre tanta parafernalia sin sentido. Sin importancia.


Hoy por la tarde dijiste no te quiero y los cielos gimieron
Como cuando los hijos del destino murieron en los brazos
De sus madres que no podían entender porqué se fueron
Y miraban al cielo buscando explicaciones en las nubes.


Esta noche dicidí morir en una cueva oscura y sin aire
Metí las manos en un horrible hoyo y vi mis huesos
Junto a los tuyos que ya tenían varios meses muertos.
©Safecreative

lunes, 13 de febrero de 2012

Qué Lejos Estás de mí

A lo lejos veo tu imagen venir hacia mí,
Lentamente me miras mi flor de lis.

Tengo prisa por llegar al hogar donde se quema el pan,
El pan nuestro de cada día que permitimos calcinar
Y engullimos felices con nuestras cucharas de pena.

Desde el interior sombrío de la gran cama que gime
Vemos las hojas verdes que caen sobre la almohada,
Pero eso no importa, tengo sueño y no me dejas.

Esta noche te extraño desde mi Eros de furia,
Estás conmigo y te añoro como si no existieras.
Estoy con mis manos dentro de ti. Reventando.

A lo lejos veo tu imagen venir hacia mí,
Lentamente me miras mi flor de lis.
©Safecreative



sábado, 11 de febrero de 2012

Murió el Flaco Spinetta, Viva el Rock!

No conozco muchos casos en que se haya planteado una relación de afecto tan fuerte como la que se dió entre Luis Alberto “El Flaco” Spinetta y su público. Una relación que nació allá por los ‘70s, cuando el Rock argentino empezaba su auge, y que se fue transformando y afirmando a través del tiempo. Spinetta siempre fue consecuente con sus seguidores devolviéndoles ese afecto en forma de música, con un trabajo artesanal y digno.

Esta conducta permaneció inalterable durante toda su carrera; podemos disentir con su música, con su mensaje, pero es innegable el cuidado que ponía en la calidad de cada una de sus composiciones. De carácter arrebatado e impulsivo, supo plasmar letras y melodías difíciles de olvidar:

Muchacha ojos de papel, adonde vas?
quedate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies, no corras mas,
quedate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito, entre mi manos,
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón, no corras mas,
tu tiempo es hoy...
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color.
Muchacha voz de gorrión, adonde vas?
quedate hasta el día.
Muchacha pechos de miel, no corras mas,
quedate hasta el día.
Duerme un poco y yo, entre tanto, construiré
un castillo con tu vientre,
hasta que el sol, muchacha, te haga reír,
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color.

Momentos inolvidables, llenos de poesía, de figuras dinámicas que se mueven en el viento.

Cuida bien al niño, cuida bien su mente,
dale sol de enero, dale un vientre blanco,
dale tibia leche de tu cuerpo.
Todas las hojas son del viento,
ya que el las mueve hasta en la muerte;
todas las hojas son del viento,
menos la luz del sol.
Hoy, que un hijo hiciste, cambia ya tu mente,
cuídalo de drogas, nunca lo reprimas,
dale el aura misma de tu sexo.
Todas las hojas son del viento,
ya que el las mueve hasta en la muerte;
todas las hojas son del viento,
menos la luz del sol...
menos la luz del sol.

Este poeta del rock, murió a los 62 años. Su cuerpo físico ha desaparecido pero su alma a quedado en cada una de sus canciones y en cada nota de su guitarra. Dentro de cada uno de nosotros. El tiempo pasará y seguiremos escuchando canciones polémicas, intensas y llenas de amor. Cantando sólo o ya sea con Invisible, Pescado Rabioso, Almendra, Spinetta Jade. Da igual, disfrutaremos de su arte siempre y tendremos que seguir viviendo sin su amor.
Si a tu corazón yo llego igual
Todo siempre se podrá elegir
No me escribas la pared
Sólo quiero estar entre tu piel

Y si acaso no brillara el sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor

Y hoy que enloquecido vuelvo
Buscando tu querer
No queda más que el viento
No queda mas que el viento

Y si acaso no brillara el sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor.
Adiós Flaco. Eres un grande.


sábado, 4 de febrero de 2012

Las Personas Grandes son Bien Extrañas

Nunca me cansará leer el Principito. Historia que en pocas páginas nos enseña valores, moral y plantea preguntas magníficamente elaboradas. Es una fábula para los niños y un tratado filosófico para los adultos que debería ser de lectura obligatoria a todo aquel que aspire a vivir en una sociedad decente y justa.
Disfruten conmigo de un pequeño extracto de tan bella historia escrita magistralmente por el francés Antoine de Saint-Exupéry:



Capítulo X

La región exacta en la que se encontraba era en la de los asteroides 325, 326, 327, 328, 329 y 330. Decidió visitarlos a fin de instruirse y encontrar una ocupación.
El primero lo habitaba un rey, vestido de púrpura. Se sentaba en un tronco sencillo pero majestuoso.
-Ah! He aquí un súbdito-dijo el rey al ver llegar al principito.
Mi amigo pensó para sí: "Cómo puede reconocerme si nunca me ha visto antes? Acaso todos los hombres son sus súbditos?"
-Ven más cerca, que quiero mirarte mejor- dijo el rey orgulloso de poder ser por fin el rey de alguien.
El principito buscaba un lugar para sentarse, pero el planeta estaba completamente cubierto por el manto de armiño que llevaba encima el rey. No tuvo opción más que la de permanecer en pie, y como se veía muy cansado, bostezó.
-Es contrario al protocolo bostezar en presencia de un rey, de modo que te lo prohíbo-replicó el rey.
-Cómo puedo impedirlo? Vengo de un largo viaje y no he dormido-respondió el principito.
-Pues entonces -dijo el rey- te ordeno que bosteces. Desde hace largo tiempo, no he visto a nadie bostezar. Los bostezos despiertan en mí cierta curiosidad. Vamos!, hazlo otra vez. Es una orden!.
-Eso me intimida... ahora no puedo-exclamó el principito mientras iba enrojeciendo.
-Hum! Hum! -expresó el rey- Entonces te... te ordeno bostezar o no bos...
De pronto pareció irritado.
El único deseo del rey, era el de ser respetado. No toleraba entonces que se le desobedeciera en lo más mínimo. Pero... dentro de todo, daba órdenes razonables.
"Si ordeno -decía- a un general que se convierta en ave marina y éste no obedece, no sería culpa del general, sino exclusivamente mía".
-Podría sentarme? suplicó tímidamente el principito.
-Ordeno que lo hagas- respondió el rey al tiempo que recogía parte del faldón de su manto de armiño.
El principito se preguntaba: "Sobre quiénes podía reinar el rey, siendo tan pequeño su planeta?"
-Sire...-le dijo- os pido perdón por preguntaos...
-Ordeno que me preguntes-contestó el rey apresurado.
-Sire... Sobre qué reináis?
-Sobre todo-respondió el rey.
-Sobre todo?
Expresándose con gestos, el rey señaló su planeta, los otros y también las estrellas.
-Sobre todo eso?- preguntó el principito asombrado.
-Así es, sobre todo eso...-respondió el rey.
El principito se hallaba nada menos que frente a un monarca universal.
-Y las estrellas os obedecen?
-Claro que sí -dijo el rey- Acatan mis órdenes al instante. Detesto la indisciplina.
El principito estaba realmente maravillado. Si él hubiera detentado tal poder, habría podido ser testigo no sólo de cuarenta y cuatro, sino a setenta y dos, o cien, o aún doscientas puestas de sol en un mismo día, sin siquiera necesitar desplazarse con su silla! Comenzaba a experimentar cierta melancolía al recordar a su pequeño planeta que había quedado abandonado y se animó a pedir una gracia al rey:
-Necesito ver una puesta de sol... Hazme el gusto... Ordena al sol que se ponga...
-Si ordeno a un general que vuele de flor en flor cual si fuera mariposa, que escriba una tragedia o que de pronto mutara en ave marina y no lo hiciera, quién estaría en falta, él o yo?
-Vos- contestó el principito con tono seguro.
-Correcto. Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar. La autoridad posee un primer sustento que es la razón-dijo el rey- De tal forma que si ordenas a tu pueblo arrojarse al mar, seguramente éste se inclinará hacia una revolución. Me creo con el derecho de exigir obediencia ya que mis órdenes están dentro de lo razonable.
-Y qué hay de mi puesta de sol? recordó el principito, quien nunca renunciaba a una pregunta, una vez que la había formulado.
-La tendrás. Así lo exigiré, pero tendré que esperar a que las condiciones sean las favorables y adecuadas.
-Y cuándo sucederá eso?- quiso averiguar el principito.
-Hem! Hem! -vociferó el rey mientras consultaba un grueso calendario-, hem! hem!, será a las... a las... será esta misma noche, exactamente a las siete y cuarenta! Ya veras cómo soy obedecido!
El principito bostezó al tiempo que lamentaba la pérdida de su puesta de sol, y como ya se aburría dijo:
-Ya nada tengo que hacer aquí. Me marcho.
-No te vayas todavía -sugirió el rey, quien estaba muy satisfecho de tener un súbdito- Si te quedas, te hago ministro.
-Ministro de qué?
-De... de justicia!
-Pero a quién podré juzgar?
-Eso aún no lo se -contestó el rey- Debo visitar a mi reino, pero estoy viejo, no tengo suficiente lugar para una carroza y me fatiga caminar.
-Yo ya he mirado, por allí tampoco hay habitantes -comentó el principito asomándose a fin de poder observar mejor el otro lado del planeta.
-Podrás juzgarte a ti mismo -replicó el rey- Eso es bien difícil, mucho más que juzgarse a los demás. Te diré más: si logras juzgarte bien a ti mismo, estarás frente a un verdadero sabio.
-Pero no necesito vivir en este sitio para poder juzgarme a mí mismo-dijo el principito-, eso puedo hacerlo en cualquier parte.
-Hem! Hem! -dijo el rey- Oigo por la noche una vieja rata que anda por algún lugar de este planeta. Podrías juzgarla y aún condenarla a muerte de tiempo en tiempo, de modo tal que su vida dependa de tu justicia. Deberá indultarla cada vez, a fin de conservarla ya que no hay más que una.
-A mí no me gusta condenar a muerte, y ahora sí, creo que me marcho -contestó el principito.
-No- dijo el rey.
El principito, aún habiendo terminado sus preparativos para la partida, hizo lo posible para no afligir al viejo monarca:
-Si Vuestra Majestad desea que obedezca puntualmente, podría darme una orden razonable. Por ejemplo, que parta antes de un minuto. Apuesto a que las condiciones son favorables...
Al ver que el rey no esbozó palabra alguna, pareció pensarlo y luego... suspirando comenzó a alejarse.
-Te nombro embajador-gritó apresuradamente el rey, con un tono altamente autoritario.
Mientras se marchaba, se dijo a sí mismo el principito: "Las personas grandes son bien extrañas".